Herramientas de marketing para una clínica veterinaria: por dónde se empieza

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Elena Merlo

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Estrategia y Cuentas

Hay más herramientas que horas para aprenderlas. La pregunta útil no es cuál es la mejor, sino cuáles necesitas y en qué orden.

Quitemos de en medio lo primero: contratar a alguien para marketing no está al alcance de todas las clínicas. Un solo veterinario con su ATV tiene otras prioridades antes que esa.

Y el consejo habitual no ayuda mucho: las cifras de inversión que deberías destinar para marketing van del 1,5 % al 8 % de la facturación según quién las publique. En un negocio pequeño puede que ni el extremo bajo te llegue para contratar un servicio mínimamente profesional.

Así que esto está escrito para que puedas hacerlo tú. Aplicándolo con orden, que es lo que suele faltar en negocios pequeños.

Las herramientas de marketing para clínicas veterinarias son las mismas que para cualquier negocio local: no hay un software veterinario del marketing. Lo que sí cambia es el orden en que conviene incorporarlas, porque una clínica tiene una particularidad que no tiene una tienda: la mayor parte de su facturación viene de gente que ya es cliente. Eso coloca las prioridades en un sitio distinto.

Empieza por donde ya te están buscando

Antes que la web, antes que las redes y antes que nada: la ficha de Google.

Es lo que aparece a la derecha cuando alguien busca tu clínica por su nombre, y lo que sale en el mapa cuando alguien busca «veterinario» y su barrio. Se gestiona desde Google Business Profile, es gratis, y es la única pieza de esta lista que ya existe aunque nunca la hayas tocado: Google la crea sola con lo que encuentra.

Que exista no significa que esté bien. Horarios desactualizados, servicios sin listar, tres fotos borrosas de hace cuatro años y ninguna respuesta a las reseñas es el estado por defecto de muchas de las que nos encontramos.

Merece ser lo primero por una razón sencilla: es donde más cerca está la gente de coger el teléfono. Alguien que busca «urgencias veterinarias» a las once de la noche no va a leerse tu web. Va a mirar quién está abierto, a qué distancia y con qué valoración.

Y las reseñas pesan dos veces: en lo que decide esa persona y en lo que Google decide enseñar. Pedirlas de forma sistemática —no cuando te acuerdas— es el trabajo de marketing con mejor relación entre esfuerzo y resultado que puede hacer una clínica.

Una herramienta de programación, no una aplicación de publicar

La diferencia importa más de lo que parece.

Publicar desde el móvil es publicar cuando te acuerdas, que en una clínica significa publicar cuando hay un hueco entre consultas, que significa no publicar. Lo que hace falta es lo contrario: dejar el trabajo hecho por adelantado para que el día a día no lo tumbe.

Lo que tiene que saber hacer ese software:

Enseñarte el mes entero de un vistazo. Es la función que de verdad cambia las cosas, porque publicar deja de ser una decisión diaria y pasa a ser una decisión mensual. Ver el mes te enseña que has puesto tres publicaciones de vacunación seguidas y ninguna del equipo.

Publicar en varias redes desde un mismo sitio.

Darte las métricas en el mismo lugar donde publicas. Si tienes que entrar a cada red a mirar cómo fue el mes, no vas a mirarlo.

Lo que no necesitas: inteligencia artificial que te escriba los textos, catálogos de plantillas, ni integraciones con doce plataformas donde tu clínica no está. Son muchas de las funciones que se anuncian pero las que menos vas a usar.

La lista de clientes que ya tienes y no estás usando

Tu programa de gestión —el que usas para historiales, citas y facturación— contiene el activo de marketing más valioso e infrautilizado de la clínica: los datos de contacto de toda la gente que ya confía en ti.

Ahí están los recordatorios de vacunación que no se mandan, los tutores que llevan dos años sin aparecer, los que tienen un cachorro que ya no es cachorro y los que compraron un plan de salud y no saben del todo qué incluye.

Para hablar con esa gente hace falta una herramienta de envío de correo, y le vas a pedir tres cosas: que importe tu listado sin pelearse contigo y mantenga limpias las bajas —obligación legal, no detalle—, que deje programada alguna secuencia sencilla, y sobre todo que sepa segmentar.

Segmentar es la función decisiva. Mandar lo mismo a todo el mundo es la forma más rápida de que dejen de abrirte, y quien tiene un gato de doce años necesita de ti algo distinto que quien acaba de adoptar un cachorro. Con eso basta durante mucho tiempo: lo demás que venden estas plataformas —embudos, puntuación de contactos, tests de envío— está pensado para negocios con otro volumen.

Medir lo que ya está pasando

Dos herramientas, las dos gratuitas, y responden preguntas distintas.

Google Search Console te dice por qué búsquedas apareces, cuántas veces y en qué posición. Es la que contesta a «¿me encuentra alguien que no me conoce?». Suele ser incómoda de mirar la primera vez, porque casi siempre revela que la mayor parte de las visitas vienen de gente que ya escribía el nombre de la clínica.

Google Analytics te dice qué hace la gente una vez dentro: qué páginas mira, cuáles abandona y desde dónde llega. Contesta a «¿la web hace su trabajo?».

Las dos se instalan en una tarde y las dos guardan histórico desde el día que las pones, no desde el día que las miras. Esa es la razón para instalarlas ya aunque no vayas a abrirlas en seis meses: los datos que no se están guardando hoy no se recuperan.

El diseño llega más tarde de lo que crees

Aquí es donde casi todo el mundo empieza, y es el motivo por el que muchas clínicas tienen carpetas llenas de piezas bonitas y ningún resultado.

Una herramienta de diseño para el día a día tiene que permitirte trabajar sobre plantillas fijas —tus colores, tu tipografía, tu logotipo en su sitio— para que quien las use en la clínica no tenga que tomar decisiones de diseño cada vez.

Y conviene ser claro con lo que eso da de sí. Una plantilla consigue que las piezas se parezcan entre sí, que no es lo mismo que tener una marca. Una identidad coherente y una narrativa que se sostenga a lo largo del año piden criterio, dirección y alguien que lo vigile. Eso no sale de una plantilla, por buena que sea.

En el punto del que estamos hablando, es secundario. Lo que mueve la aguja es aparecer con regularidad y que se entienda lo que cuentas. Una clínica que publica algo útil dos veces por semana con piezas correctas va por delante de otra que sigue sin publicar mientras decide su identidad visual.

La marca importa y llega su momento. Antes hay que tener qué contar y a quién, que es lo único que ninguna herramienta de diseño resuelve: el problema rara vez es que la publicación se vea mal, sino que no está claro para quién está escrita.

La publicidad puede esperar

De todo lo que se vende como imprescindible, la publicidad de pago es la que más tienta, y es la que más conviene aplazar.

Pagar por aparecer funciona, pero amplifica lo que ya tienes. Si la ficha de Google está a medias y no hay reseñas recientes, el anuncio lleva gente a un sitio que todavía no convence: es dinero que compra tráfico para un escaparate sin terminar.

Es el mismo razonamiento que está detrás de lo que se puede esperar de las redes y en qué plazo. Casi nada de esto da resultado el primer mes, y casi todo lo da si se sostiene.

Lo que te va a costar

Al principio decíamos que el porcentaje de facturación no te sirve para decidir. Las horas sí, porque son el coste real de todo lo anterior.

Las herramientas son gratis o casi. Lo que no es gratis es el tiempo, y ese sale de alguien que ya tiene una agenda llena (o al menos lo intenta). Te doy un cálculo aproximado:

Ponerlo en marcha: entre diez y quince horas la primera vez, repartidas entre la ficha de Google, la herramienta de programación, el correo y la medición. Es trabajo de una sola vez, pero hay que hacerlo.

Sostenerlo cada mes: un par de horas para la ficha —fotos nuevas, responder reseñas, pedirlas—, cinco o seis horas para planificar, escribir y montar las publicaciones del mes, dos para preparar y mandar un correo a la base de datos, y una para mirar cómo funcionó. Alrededor de diez horas mensuales.

A esto yo le añadiría otras cinco o diez horas mensuales extras al principio, hasta que te hagas con el uso de todas las herramientas. No es una barbaridad. Pero conviene ponerles el precio correcto (el error habitual es contarlas al coste de la hora de quien las hace).

El coste real es otro. Si esas horas las pone el veterinario, lo que pagas no es parte del sueldo: es la consulta que no está dando mientras escribe una publicación sobre la procesionaria. Y si las pone la ATV, es el rato que no está en recepción, que en una clínica pequeña se nota.

Haz tú esa multiplicación, porque el dato lo tienes tú. Puede que te salga que compensa de sobra hacerlo dentro. Puede que te salga lo contrario. Lo que no compensa nunca es decidirlo sin haber echado la cuenta.

El orden importa

El orden de arriba está pensado para que cada engranaje entre cuando el anterior ya funciona solo. Empezar por la ficha de Google y hacerla bien rinde más que tener las cinco a medias, y una clínica que publica dos veces por semana durante un año va por delante de una que publicó cada día durante mes y medio.

La herramienta nunca ha sido el problema. El problema es que todo esto requiere constancia, y la constancia es lo primero que cae cuando la agenda aprieta.

Si algún día lo que falta es justo eso, para eso estamos. Y si no llega ese día, habrás montado algo que funciona igual.

Si prefieres delegar y que lo miremos con tu caso delante, cuéntanos cómo lo tenéis ahora.

Si vas a hacerlo, hazlo bien. Hablemos.

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